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Parque Nacional de Doñana

Vista de la Iglesia del Rocio

Los elementos del conjunto uno a uno

Durante siglos, nobles y reyes consideraron los bosques y las marismas de la desembocadura del Río Guadalquivir como una de las mejoras zonas de caza de España. En el siglo XIX comenzaron las grandes transformaciones de la marisma, en cuyo curso la mayor parte de ellas se transformaron en zonas de cultivo. A finales de los años 60, científicos y naturalistas vieron el fruto a todos sus esfuerzos cuando una parte de Doñana obtuvo el reconocimiento de Parque nacional.

Los sedimentos arrastrados por el río y las arenas empujadas tierra adentro por las corrientes marinas y los vientos llenaron las aguas someras de la bahía para construir un territorio de arenas y arcillas.

Hay tres ecosistemas principales en Doñana: las dunas, los bosques o cotos sobre arenas y las marismas sobre suelo arcilloso.

Dunas.

El ciclo de la arena comienza en las playas del Océano Atlántico. Las corrientes marinas (afectadas en la actualidad por las construcción de numerosos pantalanes y espigones en la provincia) están todavía cambiando la línea costera. Los vientos dominantes del Suroeste, llamados localmente "foreños" empujan a la arena hacia el Norte, lejos de la humedad de las playas. Un pequeño número de especies de plantas, adaptadas a este difícil substrato, sirven de barrera a la arena, que se acumula en torno a ellas en pequeños montículos llamados 'Dunas Embrionarias'. Estas pequeñas dunas van creciendo gracias al continuo aporte de arena procedente de la playa para construir así la primera línea de dunas propiamente dicha que discurre paralela a lo largo de los 32 kilómetros que separan Matalascañas de Sanlúcar de Barrameda. Esta primera línea se mueve hacia el norte empujada por los fuertes vientos y se hace cada vez más alta conforme se acerca a la marisma, donde finaliza el viaje de la arena seca. En años lluviosos, el agua arrastra la arena de la marismas transportándola de vuelta al mar para cerrar así el ciclo. Se pueden contar hasta seis de estas líneas de dunas. Los huecos entre ellas son colonizados por la vegetación, siempre lista para ocupar cualquier nuevo espacio disponible. Pero los pinos piñoneros y los enebros no son suficientes para parar el avance de las dunas. Los primeros son simplemente enterrados por la cabeza de la duna, mientras que los últimos se han adaptado a sobrevivir gracias a una especie de raíces flotantes, que les permiten cabalgar sobre las dunas. En lo que se llama la cola de la duna, la vegetación colonizará de nuevo el espacio libre dejado por el avance de ésta. Las dunas se mueven a un velocidad media estimada de 3-6 metros al año y la más alta se eleva hasta unos 35 metros sobre el nivel del mar. Esta es la que se localiza junto a la marisma y que se llama localmente "Cerro de los Ánsares".

Los bosques.

En los espacios interdunares (localmente llamados "corrales") y en las zonas de arenas estabilizadas, la vegetación se desarrolla para formar diferentes asociaciones dependiendo de la calidad de las condiciones. En el sur, junto a la desembocadura del Río Guadalquivir, antiguas plantaciones de pino piñonero ocupan el terreno. La mayoría de las arenas estabilizadas al Este del Parque están ocupadas por dos clases de asociaciones vegetales. La localmente llamada "Monte Negro" que se desarrolla en los lugares más húmedos y donde el Tojo, las zarzas, los helechos y los brezales abundan. Y la llamada "Monte Blanco" en suelos más pobres, donde el Jaguarzo (Halimium halimifolium) domina, y otras jaras y plantas aromáticas crecen en densa cobertura. Al Norte del Parque Nacional todavía es posible encontrar algunas manchas del primigenio bosque de alcornoques, como es el caso de Matasgordas. En el borde Sureste del Parque es posible encontrar algunas manchas bien conservadas del nativo bosque de Sabina Mora (Juniperus phoenicea), antiguamente mucho más extendido sobre las arenas semiestabilizadas.

Las Marismas.

Este es el ecosistema más extendido con sus más de 30.000 hectáreas y el máximo responsable de la singularidad de Doñana. La evolución natural de las marismas y las transformaciones humanas del medio la han hecho muy dependiente de las lluvias estacionales. Proceso que se está intentado hoy en día revertir parcialmente con las actuaciones del Proyecto Doñana 2005. Las desigualdades de la gran planicie conducen a cierta variedad en las condiciones de suelo y humedad. De manera que se pueden encontrar diferentes tipos de hábitats en una aparente llanura plana. En las zonas más bajas el agua ha lavado la sal permitiendo el avance de plantas como el Carrizo (Phragmites sp.) y la Castañuela (Scirpus maritimus). En años normales, esta parte de la marisma permanece inundada desde Octubre hasta mayo-junio. En otras zonas, más bajas aún, llamadas localmente "lucios", la sal se concentra evitando el crecimiento de la vegetación. La "marisma seca", sólo unos centímetros más elevada que el resto, permanece como una estepa salina la mayor parte del año. Aquí dominan las Quenopodiaceas. También hay algunas zonas aún más altas, que no son cubiertas por el agua muy a menudo, y donde el ganado y los animales salvajes encuentran refugio durante las grandes crecidas. Se las llama localmente "vetas". En la zona de contacto de las marismas con las arenas hay una estrecha tira de terreno de una extrema importancia. Es lo que se conoce como "vera". Aquí, el agua acumulada en el manto freático debajo de las dunas aflora lentamente y se acumula sobre las arcillas de la marisma, incluso durante le verano, cuando los animales no pueden encontrar ninguna otra fuente de agua.

Zona de observación de aves.

La gran variedad de hábitats y ecosistemas que ofrece Doñana la convierten en un enclave fundamental para las aves europeas. Esta área incluye excelentes lugares para observación de aves como: Camino de Moguer, La Madre de las Marismas, los pinares a lo largo de la Raya Real, los Alcornocales de Matasgordas, Veta Zorrera, las Marismas de Zorrabarba, el Caño Resolimán, el Caño Guadiamar, el Lucio de Cerrado Garrido y su impresionante colonia de ardéidos, el Lucio de El Lobo, los campos de Los Caracoles y las Marismas de Hinojos. Además de las Lagunas de El Acebuche, se hallan los cañaverales y pinares de La Rocina, los bosques de El Acebrón y las Playas de Matalascañas. Éstas son algunas de las especies que se pueden encontrar: Avetorillo, Martinete, Garcilla Cangrejera, Garceta Grande, Garza Imperial, Cigueña Negra, Morito, Flamenco, Cerceta Pardilla, Cerceta Carretona, Elanio Azul, Milano Negro, Alimoche, Buitre Leonado, Águila Imperial, Águila Culebrera, Águila Moteada, Águila Calzada, Águila Pescadora, Esmerejón, Focha Moruna, Calamón, Canastera, Chorlitejo Patinegro, Chorlito Carmbolo, Pagaza Piconegra, Ganga, Vencejo Pálido, Vencejo Real, Críalo, Abejaruco, Cogujada Montesina, Terrera Marismeña y Rabilargo.


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